miércoles, 7 de marzo de 2012

frases frases del beisbol

Frases, frases del béisbol...

Por Jesús Alberto Rubio







Antonio Páramo, un pintoresco ampayer veracruzano es recordado por la forma en que cantaba un ponche cuando el bateador dejaba pasar el tercer strike: ¡Cántatela tu mismo!, solía gritar el jarocho. Aquí en la Liga de la Costa del Pacífico hubo un narrador de juegos a quien le quitaron la licencia de locutor porque una vez se aventó la puntada de anunciar un jonrón diciendo al aire: ¡la bola se va, la bola se va, se va, se va y se fue a la ver......(ic)!!!
Muchos dicen que ese locutor fue el popular Chayo Silva, aunque otros mencionan diferentes nombres; sin embargo, aquella singular expresión ahí quedó escrita en el famoso anecdotario del deporte rey. ¿Y quién no recuerda a aquel inolvidable umpire Juan “Yaqui” Lima entrando y saliendo del terreno de juego con las manos en el pecho corriendo como un simpático pigüino?
Lo cierto es que alrededor del beisbol se presentan un sin fin de situaciones, anécdotas, bromas, frases y vivencias, muchas de las cuales no necesariamente ocurren dentro del terreno de juego.
Por supuesto, Yogi Berra es todavía el más famoso de todos los peloteros que llegaron a la Gran Carpa y trascendido en la historia de este deporte profesional, precisamente por sus frases, como aquella de “esto no se acaba hasta que se acaba” ... y cosas por el estilo.
Clase de frases...
Pero, por frases, hay más, verá:
Hay una muy famosa de Johnny Pesky, ex mánager de los Medias Rojas de Boston: “ Cuando ganas, comes mejor, duermes mejor y disfrutas tu cerveza al máximo... y tu esposa luce como si fuera Gina Lollobrigida.
Otra célebre:
La dijo aquel famoso relevista de barba de piocha Al Hrabosky quien cada vez que lanzaba daba vuelta a la loma de pitcheo con la cabeza hacia abajo: “Cuando estamos de gira, mi más grande ambición es escuchar un abucheo de las tribunas”, con lo cual sentía “que había hecho bien su trabajo”.
Una de Casey Stengel:
“Estar con una mujer toda la noche no afecta en nada a un jugador profesional de beisbol. Lo que afecta es estar parado toda la noche buscando por una de ellas”.
Otra del inmortal Babe Ruth:
“Bueno, tuve un año mejor que él”, dijo cuando le preguntaron por qué el Presidente de EU ganaba menos que sus 80 mil dólares en 1930.
Una más:
Craig Nettle, aquel gran tercera base de los Yankees de los 70 dijo una vez: “Cuando era niño quería ser beisbolista y participar en el circo. Con los Yankees he logrado ambas cosas al mismo tiempo”.
Y siguen:
Una ocasión Reggie Jackson expresó a Tom Seaver: los ciegos vienen al parque sólo para escucharte lanzar”.
Pero mire lo que expresó Tug McGraw, aquel tremendo relevista cuando le preguntaron qué haría con su dinero de su sueldo con los Filis:
“El 90% lo gastaré en diversiones, mujeres y whisky irlandés. El otro 10% probablemente lo derrocharé”.
Kelly, el mañoso
Pasando a otro tema, algo sabroso, verá: Y de tiempos a tiempos. Mike Kelly fue el jugador más mañoso que haya jugado; fue la más notoria y popular estrella del siglo 19. Kelly, en realidad, intentaría cualquier cosa. Y es que las reglas del beisbol no habían sido hechas para él.
Era receptor de manos seguras para los Medias Blancas de Chicago y fue tan habilidoso como robador de bases que una vez logró seis en un partido, lo cual inspiró la canción “Deslízate Kelly, deslízate Kelly”.
En ocasiones Mike Kelly acortaba el camino sin tocar segunda cuando el ampayer no lo estaba viendo.
También, Kelly bebía tanto como competía.
Una vez Spalding puso a detectives de Pinkerton para que lo siguieran: lo acusaron de beber en una taberna hasta las tres de la mañana... tomando limonada. Kelly indignado, diría “Era Whisky puro; jamás he bebido limonada a esa hora”.
Fue llamado el villano. El mañoso, lleno de trucos, el payaso y el tonto. Y también era un gran jugador. Reunía en sí los arqueotipos del pasatiempo de la época.
Murió antes de llegar a los 40 años de edad. El y otros compañeros de juerga fueron culpados por haber perdido el campeonato en San Luis; en 1886.
En ese invierno, Spalding exasperado, vendió a Kelly a Boston por la increible suma de 10 mil dólares.
Los aficionados de Chicago estaban desolados, pero los de Boston, más encantados; tanto que a su nueva estrella le reglaron una casa con carruaje al lado, con dos caballos blancos para que se trasladara al estadio.
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